Agorafobia. El miedo a no tener escapatoria

Publicado el 24 de mayo de 2017 por Juan de Valle en su web: http://psicologojuandelvalle.com/agorafobia-el-temor-a-no-tener-escapatoria/

La agorafobia. El temor a no tener escapatoria.
En este artículo quiero reflexionar acerca de la agorafobia. En mi práctica clínica he observado que es uno de los malestares más comunes de las personas que acuden a terapia. En los últimos años he tenido varios casos donde he podido profundizar en el mundo de la agorafobia. Lo cual me ha servido para desarrollar algunas ideas sobre ella. La agorafobia se clasifica dentro de los trastornos fóbicos o por ansiedad. Por tanto, es clave entender la ansiedad para curar esta enfermedad.

Entender la agorafobia como un mensaje que tu cuerpo transmite es un principio básico. Por ejemplo, cuando tenemos un dolor de muelas o de estómago, esta sensación dolorosa nos pone sobre aviso de que hay algo en nuestro cuerpo que no marcha bien. Normalmente, atendemos a la sensación y pedimos cita en el dentista o paramos de comer y descansamos.

El dolor físico sirve principalmente para una cosa, avisar de que nuestro cuerpo está sufriendo y necesita cuidados. La ansiedad tiene una función similar. Solamente que la relación no parece tan evidente a simple vista. Resumiéndolo sería algo así como que cuando vivimos algún conflicto personal o malestares emocionales, la ansiedad es una de las alertas más habituales que nuestro cuerpo y nuestro cerebro tiene para avisarnos de que algo está pasando.

Centrémonos ahora en la agorafobia. El temor a estar en un lugar del que siento que no puedo escapar o el miedo a tener un ataque de pánico, que el resto se dé cuenta y no tener ayuda ni posible escapatoria. La sintomatología es principalmente ansiosa, es decir, sentir palpitaciones, inquietud, sudoración, taquicardias, angustia, etc. Se acompaña de conductas de evitación, que quiere decir que evitamos exponernos a sitios donde anticipamos estos síntomas. Por ello, las personas con agorafobia pueden dejar de usar el transporte público, ir al teatro o el cine o asistir a clases o reuniones sociales. ( en el anterior post puedes encontrar una descripción específica de la sintomatología de una crisis de ansiedad http://psicologojuandelvalle.com/13-sintomas-para-detectar-un-ataque-de-ansiedad/ )

Para explorar la agorafobia, vamos a atender a tres niveles de profundidad que son los que dibujan el mapa del trastorno (Conductas, Pensamientos y Emociones).

Conductas (¿Qué estoy haciendo?)
Palpitaciones, sudoración, inquietud, sentir taquicardias, sofocos, … A nivel físico.
Evitación de lugares donde anticipamos estos síntomas… A nivel conductual-social
Pensamientos (¿Qué estoy pensando?)
“Me va a pasar”, “Voy a tener un ataque”
“No puedo moverme de aquí”, “Tengo que estar aquí sentado mucho rato”
“Todo el mundo se va a fijar en mí”, “Se van a dar cuenta”, “Que voy a hacer?”
“Me voy a agobiar mogollón!!”
“Me voy a sentir fatal!!” “Me puedo morir!?”
Emociones (¿Qué estoy sintiendo?)
Ansiedad.
Miedo a no poder salir.
Miedo a ser observado por los demás.
Miedo a la muerte.

Cuadro 1. Mapa de la agorafobia a tres niveles.

Es el en nivel más profundo, el emocional, donde es necesario explorar a fondo para poder entender el mensaje que nuestro cuerpo está transmitiendo. Al hacer esto he encontrado similitudes en todos los casos. La semejanza más importante en mi opinión que he observado es que las personas con agorafobia experimentan un conflicto interior entre dos partes de sí mismos.

Observo una parte de la persona que siente que tiene que hacer algo con lo que no está de acuerdo o que le incomoda o que le hace daño, pero siente que tiene que hacerlo porque de lo contrario, algo muy malo sucederá y será catastrófico para ella. Por ejemplo, tener que ir a un trabajo donde se siente explotado o acosado, tener que aguantar en una relación de pareja con la certeza de la infelicidad y la insatisfacción o tener que hacer caso a tu padre en algo que no quieres por lealtad hacia él. También tener que hacer lo que creo que los demás esperan de mí, que sea brillante, inteligente, complaciente, perfecto o perfecta.

Por otro lado, percibo otra parte de la persona que tiene que ver con su autenticidad, su espontaneidad, sus valores y principios, con como es la verdadera esencia de la persona. Y que entra en conflicto con la parte anterior, la que tiene que hacerlo porque siente que no le queda otra. Por ejemplo, el querer separarse de esa pareja y explorar otras historias, el conseguir un trabajo que encaja con tus propios principios y valores éticos donde no eres explotado o el conflicto entre la lealtad hacia Papá y el expresar tus opiniones y los sentimientos que te provoca sin que nada malo suceda.

Cuando estas dos partes de uno mismo se enfrentan es como un choque de trenes en el mundo interior. Esto es lo que en psicoterapia llamamos, estar en un impasse. Que traducido es la experiencia de estar sin escapatoria. Si hago caso a la parte primera (la de tengo que quedarme aquí y hacerlo así) me siento mal porque no es lo que quiero. Si hago caso a la otra (la más instintiva y auténtica) entonces algo malo sucederá y será una catástrofe para mí. No hay escape.

Simbólicamente, cuando estamos en una situación física similar como cuando viajamos en transporte público, estamos en un teatro o cine, o en una reunión de trabajo donde percibimos que no podremos salir en un tiempo se activa el impasse y revivimos el conflicto interno inconscientemente, entonces emerge la ansiedad. Aparecen los pensamientos de no escapatoria y experimentamos las conductas descritas. Es una expresión física y simbólica del conflicto interno que la persona está sufriendo.

Ayudar a las personas con agorafobia a entender estas emociones, tomar conciencia del impasse y analizar el conflicto interior para buscar salidas que lo resuelvan definitivamente permite deshacer el lío emocional y sanar la agorafobia. Experimentar que si hay salidas y que no pasa ninguna cosa catastrófica. En mi experiencia, esta última parte es la que más ha servido a estas personas para curarse y dejar atrás la ansiedad y el temor a no tener escapatoria.

En resumen, si miramos la agorafobia como un volcán, la ansiedad es la lava del volcán en erupción. La persona necesita entender lo que pasa ahí debajo. Desmontar sus pensamientos y creencias hasta llegar a sus emociones para poder canalizarlas de manera sana. De otra forma, la persona siente que es arrastrada por ese volcán en erupción. Es necesario encontrar su propia salida y liberarse del encierro.

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Juan del Valle

Psicólogo-Psicoterapeuta

Socio de APHICE

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